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Roberto Zuñiga repasaba sus notas en el estudio minutos antes de que iniciara la transmisión “Las cartas sobre la mesa” era el desafortunado y poco ingenioso nombre del programa de debates conducido por él emitido cada martes a las once de la noche por el canal 6.  A pesar del bajo presupuesto y de la poca cobertura, la emisión contaba con una considerable audiencia. Sobretodo desde hacía dos meses cuando por decisión de los ejecutivos productores la temática del programa se enfocó en tópicos “de mayor interés”. Se dejó de lado la economía y los análisis financieros. Se olvidaron de la política local, las discusiones sobre la administración pública y las noticias globales. Ahora se trataban temas como superación personal,  fenómenos paranormales, autopsias extraterrestres, teorías conspiratorias y linduras de ese tipo. Tenemos la televisión que nos merecemos. Roberto sonreía tristemente.

El jefe de piso anunció treinta segundos para el inicio de la transmisión. La maquillista dio algunos retoques finales para reducir el brillo en la frente de Roberto. Una señal brillante indicó con parpadeantes letras rojas que estaban al aire. El conductor leyó el asunto a discutir esa noche: Los sueños y su interpretación. Luego, presentó uno a uno a sus invitados. Esa noche le acompañaban: Amatista Santillán, psíquica y estudiosa de lo paranormal –whatever that means- la psicóloga Sarai Terrazas, el sacerdote Rafael Peña y la señora Serafina Valencia que… vendía hierbas medicinales y realizaba limpias en el mercado Constitución de 1917.

Empezaremos con una definición de los sueños – dijo Roberto. La psicóloga, sentada a la derecha de Roberto dijo que los sueños eran una manifestación del inconsciente a través de la cual se reflejaban, representadas en imágenes, ideas o conceptos ocultos a la mente consciente. Roberto asintió. Menos mal que busqué sobre Freud en wikipedia… El sacerdote Peña estuvo de acuerdo aunque agregó que muy posiblemente son el conducto a través del cual Dios se pone en contacto con sus hijos; ya para mostrarle alguna revelación, ya para recordarle el buen camino. ¿Ejemplos? El buen libro está colmado de ellos, como el caso de… pero no pudo continuar porque Amatista, la psíquica, ¿de veras así se llama? Interrumpió para decir que los sueños eran una ventana que nos permite asomarnos a realidades alternas. Doña Serafina se limitó a decir que ella era capaz de curar las pesadillas y proporcionó sus datos de contacto -esta es la peor, ¿de dónde diablos la sacaron?- Roberto se dirigió al auditorio para anunciar un corte comercial.

El jefe de piso se acercó y dijo algo al oído de Roberto. Al regreso, el conductor presentó  a un nuevo invitado a la mesa quien se excusó por la demora por causa del tráfico. ¿Tráfico a las once de la noche? El recién llegado era el neurólogo Alfredo Sotomayor, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas. De acuerdo a lo que dijo, las investigaciones en términos neurológicos sugieren una naturaleza mucho menos espiritual. Él señaló que los sueños son un proceso a través del cual el cerebro realiza un ordenamiento de información. Al transferir información de la memoria de corto plazo a la memoria de largo plazo durante el sueño, el cerebro emite ondas eléctricas que activan respuestas sensoriales que producen en la mente dormida imágenes, sonidos y otras múltiples sensaciones. Una transferencia de este tipo explicaría la inclusión de elementos recientes de alguna relevancia en los sueños del sujeto. Al tratarse del desplazamiento de información cruda, para Sotomayor, la interpretación de los sueños se vuelve una tarea inútil por antonomasia – ¿Antonomasia? … me suena, me suena.

Esta definición provocó desacuerdo por parte de la psíquica quien interpeló que los sueños sí pueden interpretarse, y que además pueden revelar información valiosísima. ¿Cómo se explicaban, además, los casos de clarividencia en las ensoñaciones de numerosos personajes? Sarai què -hermosos ojos tiene esta chica- comentó que si bien no creía en el origen sobrenatural de los sueños, estos a menudo ayudan en la terapia a dilucidar aspectos clave en la personalidad del paciente. Incluso revelan miedos o ansiedades profundas no del todo presentes en la vida diaria de quien los sueña. Y además tiene una bella voz… casi no escuché lo que dijo, pero su voz es linda. Los ojos de Roberto miraban discretamente el escote en la blusa roja de la joven psicóloga. El sacerdote tampoco estaba de acuerdo con Sotomayor. Para él los sueños eran una prueba más de la naturaleza divina del ser humano. Algo equiparable con la razón y el lenguaje. El neurólogo refutó recordándole que existe evidencia de muchos mamíferos que son capaces de soñar. Agregó malicioso que de ser así, Dios tenía entre sus criaturas algunos consentidos con línea directa de comunicación, pero de ninguna manera existía exclusividad para el hombre. Doña Serafina dijo que no, que los sueños sí eran ciertos –¿quién dijo que no lo fueran?- porque ella una vez soñó a su tía Panchita diciéndole adiós y a los tres días que agarra y que se muere. Roberto contuvo como pudo una carcajada ante tan apabullante argumentó. Sarai, calló respetuosamente mientras el neurólogo miraba confundido a Roberto, seguramente preguntándose quien se había encargado de hacer la lista de panelistas congregados esa noche.

Roberto desvió la incipiente tensión leyendo algunas preguntas del auditorio. Pedro Palma, de la colonia El Jardín preguntaba qué significa soñar con serpientes. El Padre Peña respondió con una obvia alusión a Satanás pero que interpretó como las tentaciones presentes en la vida de Pedro. Amatista opinó que como los sueños son maneras de desprenderse del cuerpo físico, tal vez Pedro se topó con alguien en el mundo astral que se soñaba serpiente. Sugirió no temer y tener una aproximación con el reptil en caso de que el sueño se repitiera. Doña Serafina reafirmó su capacidad de curar las pesadillas y volvió a dar sus datos al aire. El neurólogo mostraba su desprecio por estas ideas sonriendo descaradamente y meciendo la cabeza de un lado al otro.

Roberto continuó con las llamadas. Alberto Jiménez, de Villas del Almendro quería saber el significado de soñarse teniendo relaciones sexuales y que si eso era malo. Sarai tomó la palabra. Estos sueños son para ella la manifestación del deseo inconsciente de satisfacer una necesidad y que bien podría tratarse de alguna frustración o una acallada ansiedad. Roberto la miraba con atención. Situó sus ojos en esos labios que hablaban de manera suelta y espontánea. Sería fácil soñar contigo y nada tendría de trasfondo psicológico… Roberto recuperó la compostura y pasó la pregunta al sacerdote. El padre, respondió que las tentaciones se presentan en cualquier forma y color y que era preciso ser prudente.  Para Amatista era claro que se trataba de un súcubo que le había visitado en la noche. Este demonio en forma de mujer tenía la posibilidad de dar la sensación de haberse tratado solamente de un sueño y no de una especie de violación transdimensional.  Doña Serafina la hierbera, dijo a Alberto que podía acercarse con ella en el mercado para curarle la cabeza de tantas cochinadas. En ese momento el neurólogo soltó una tremenda carcajada.

-Perdón- dijo- ¡pero están diciendo puras pendejadas! ¡En la torre! Eso es lo malo de transmitir en directo. Indignados los demás invitados comenzaron a devolver la agresión mientras Roberto clamaba por algo de cordura. La discusión se salía de control, los ánimos se encendían, los gritos no se hicieron esperar. Sotomayor seguía riendo burlonamente y eso obviamente desesperaba a los panelistas. Roberto se esforzaba en vano por poner algo de orden. Lo que más le apenaba a Roberto era la presencia de Sarai, la psicóloga de bellos labios en inquietante escote. Doña Serafina sacó algo de su bolso ¿un cepillo? ¿un estuche de maquillaje? y se lo arrojó al neurólogo. Por alguna razón la transmisión continuaba sin cortes. Roberto, completamente desesperado se puso en pie y gritó:

-¡Basta!

Los ojos de los presentes se pusieron sobre él. También el personal del estudio y, al menos así le pareció, los ojos de miles de televidentes al otro lado de la pantalla. El cura desvió rápidamente la mirada. Sarai a su lado, le miraba sonrojada con una mano en la frente y la cabeza baja. De pronto, de la nada un sonido envolvió la locación. Difuso al principio, el sonido se hizo reconocible poco a poco. …I didn’t mean to hurt you, I didn’t mean to make you cry. John Lennon cantaba suavemente y más desconcertado aún Roberto miraba en rededor buscando el origen de la música. Los ojos atónitos de los demás seguían pegados a él. Algo pasó por la mente de Roberto para que súbitamente bajara la vista y descubriera la razón de que todos le miraran con sorpresa y confusión: no llevaba puestos pantalones.

Roberto abrió los ojos sobresaltado. Su radio despertador encendido marcaba las siete con veinticinco.  John Lennon tocaba las notas finales de Jealous Guy. Su esposa ya despierta le miró con curiosidad. Roberto pareció apenado y dijo sonriendo:

-Tuve un sueño muy extraño. Yo era el conductor de un programa de debates. Los invitados discutían por una tontería y todo se salía de control, así horrible.

-¿Qué onda con tus sueños? – fue todo lo que ella dijo mientras se ponía una escotada blusa roja.

-No sé- respondió- tú eres la psicóloga.

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